Como cada 1 de octubre los mayores celebramos nuestro día, el día del mayor. En esta ronda de fechas conmemorativas nos ha tocado quizá significativamente el comienzo del otoño, este año reseñado por el agravamiento de la crisis. Esa crisis que nos amenaza y preocupa a todos, también a los mayores, aunque afecte especialmente a otros sectores vulnerables de la sociedad como las mujeres, los migrantes o los jóvenes. Pero nuestro colectivo, aunque de momento tenga garantizadas sus pensiones, también sufrirá indirectamente la crisis. Por ejemplo, más allá del impacto de la subida de los precios y los impuestos indirectos en su frágil economía, a través de las ayudas informales con las que nos vemos obligados a asistir a nuestras familias. Cuando la crisis llama a la puerta de nuestros hijos en forma de desempleo, somos primero sus padres los que generosamente intentamos echarles una mano, aliviando su situación de mil maneras posibles: dando cobijo de nuevo a los hijos emancipados o invitándolos diariamente a nuestra mesa o cuidando de nuestros nietos a todas horas, etc. y, a menudo, con préstamos irrecuperables para mantener a flote negocios amenazados e incluso, gastando de manera fraudulenta los cheques-servicio de las ayudas a la dependencia.
Por otra parte, en esta crisis, si como se prevé en nuestro país, se va a agudizar, los mayores acabaremos por ver cómo empeora drásticamente nuestra situación. Porque hay que recordar, una vez más, que nuestra situación siempre se halla atravesada por la precariedad. Y hay problemas que con crisis o sin crisis, pero más aún bajo la crisis, no acaban de solucionarse, quizá porque falta voluntad real para hacerlo. La falta de plazas en residencias públicas o el coste prohibitivo de las plazas privadas (que obligan a vender el patrimonio de los padres o hipotecar el de los hijos) es solo el más llamativo. Pero tampoco podemos olvidar en esta tesitura la aplicación de la Ley de la Dependencia que, aunque ha supuesto un gran avance, todavía presenta numerosos problemas en su aplicación. Por ello venimos reclamando la ventanilla única para facilitar su complicada tramitación burocrática, la formación y profesionalización de los cuidadores, la calidad de los servicios públicos, un voluntariado que no quite puestos de trabajo, etc.
Los mayores, querámoslo o no, somos también protagonistas de la crisis y debiéramos mantener un compromiso reivindicativo frente a los partidos, sindicatos e instituciones. La crisis efectivamente la sufriremos todos y con el apoyo de todos saldremos de ella, pero no ha de convertirse en ningún caso en excusa para que el estado del bienestar de los mayores se vea mermado o cuestionado. Al revés, la crisis ha de suponer un refuerzo por parte de la administración y de la sociedad hacia colectivos vulnerables como el nuestro, que además tienen menos capacidad de reacción. Toda la sociedad debe convertirse en la voz intergeneracional de los mayores, incluidos los propios mayores en un creciente nivel de participación. Contra las amenazas veladas, contra los abusos -de las residencias piratas al maltrato- o contra la exclusión social…
Por ello ahora que el Gobierno de Navarra pretende homenajear a los clubs de jubilados por su labor debiera tener en cuenta este enfoque. No estaría nada mal que por una vez hubiera menos placas y fotos y más compromiso activo con la verdadera situación de los mayores. Por ejemplo, a través de la creación en el ayuntamiento de Pamplona del Consejo de personas mayores, cuyo proyecto se aprobó en 2008.
Hoy es el día de los mayores, un día como todos los años, de celebración del orgullo de ser mayores pero también de nuestro compromiso reivindicativo y cívico en tiempos de crisis.
Observatorio del Mayor de Navarra/ 2010
Por otra parte, en esta crisis, si como se prevé en nuestro país, se va a agudizar, los mayores acabaremos por ver cómo empeora drásticamente nuestra situación. Porque hay que recordar, una vez más, que nuestra situación siempre se halla atravesada por la precariedad. Y hay problemas que con crisis o sin crisis, pero más aún bajo la crisis, no acaban de solucionarse, quizá porque falta voluntad real para hacerlo. La falta de plazas en residencias públicas o el coste prohibitivo de las plazas privadas (que obligan a vender el patrimonio de los padres o hipotecar el de los hijos) es solo el más llamativo. Pero tampoco podemos olvidar en esta tesitura la aplicación de la Ley de la Dependencia que, aunque ha supuesto un gran avance, todavía presenta numerosos problemas en su aplicación. Por ello venimos reclamando la ventanilla única para facilitar su complicada tramitación burocrática, la formación y profesionalización de los cuidadores, la calidad de los servicios públicos, un voluntariado que no quite puestos de trabajo, etc.
Los mayores, querámoslo o no, somos también protagonistas de la crisis y debiéramos mantener un compromiso reivindicativo frente a los partidos, sindicatos e instituciones. La crisis efectivamente la sufriremos todos y con el apoyo de todos saldremos de ella, pero no ha de convertirse en ningún caso en excusa para que el estado del bienestar de los mayores se vea mermado o cuestionado. Al revés, la crisis ha de suponer un refuerzo por parte de la administración y de la sociedad hacia colectivos vulnerables como el nuestro, que además tienen menos capacidad de reacción. Toda la sociedad debe convertirse en la voz intergeneracional de los mayores, incluidos los propios mayores en un creciente nivel de participación. Contra las amenazas veladas, contra los abusos -de las residencias piratas al maltrato- o contra la exclusión social…
Por ello ahora que el Gobierno de Navarra pretende homenajear a los clubs de jubilados por su labor debiera tener en cuenta este enfoque. No estaría nada mal que por una vez hubiera menos placas y fotos y más compromiso activo con la verdadera situación de los mayores. Por ejemplo, a través de la creación en el ayuntamiento de Pamplona del Consejo de personas mayores, cuyo proyecto se aprobó en 2008.
Hoy es el día de los mayores, un día como todos los años, de celebración del orgullo de ser mayores pero también de nuestro compromiso reivindicativo y cívico en tiempos de crisis.
Observatorio del Mayor de Navarra/ 2010
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