jueves, 26 de agosto de 2010

Los Mayores en Tiempos de Crisis

Como cada 1 de octubre los mayores celebramos nuestro día, el día del mayor. En esta ronda de fechas conmemorativas nos ha tocado quizá significativamente el comienzo del otoño, este año reseñado por el agravamiento de la crisis. Esa crisis que nos amenaza y preocupa a todos, también a los mayores, aunque afecte especialmente a otros sectores vulnerables de la sociedad como las mujeres, los migrantes o los jóvenes. Pero nuestro colectivo, aunque de momento tenga garantizadas sus pensiones, también sufrirá indirectamente la crisis. Por ejemplo, más allá del impacto de la subida de los precios y los impuestos indirectos en su frágil economía, a través de las ayudas informales con las que nos vemos obligados a asistir a nuestras familias. Cuando la crisis llama a la puerta de nuestros hijos en forma de desempleo, somos primero sus padres los que generosamente intentamos echarles una mano, aliviando su situación de mil maneras posibles: dando cobijo de nuevo a los hijos emancipados o invitándolos diariamente a nuestra mesa o cuidando de nuestros nietos a todas horas, etc. y, a menudo, con préstamos irrecuperables para mantener a flote negocios amenazados e incluso, gastando de manera fraudulenta los cheques-servicio de las ayudas a la dependencia.
Por otra parte, en esta crisis, si como se prevé en nuestro país, se va a agudizar, los mayores acabaremos por ver cómo empeora drásticamente nuestra situación. Porque hay que recordar, una vez más, que nuestra situación siempre se halla atravesada por la precariedad. Y hay problemas que con crisis o sin crisis, pero más aún bajo la crisis, no acaban de solucionarse, quizá porque falta voluntad real para hacerlo. La falta de plazas en residencias públicas o el coste prohibitivo de las plazas privadas (que obligan a vender el patrimonio de los padres o hipotecar el de los hijos) es solo el más llamativo. Pero tampoco podemos olvidar en esta tesitura la aplicación de la Ley de la Dependencia que, aunque ha supuesto un gran avance, todavía presenta numerosos problemas en su aplicación. Por ello venimos reclamando la ventanilla única para facilitar su complicada tramitación burocrática, la formación y profesionalización de los cuidadores, la calidad de los servicios públicos, un voluntariado que no quite puestos de trabajo, etc.
Los mayores, querámoslo o no, somos también protagonistas de la crisis y debiéramos mantener un compromiso reivindicativo frente a los partidos, sindicatos e instituciones. La crisis efectivamente la sufriremos todos y con el apoyo de todos saldremos de ella, pero no ha de convertirse en ningún caso en excusa para que el estado del bienestar de los mayores se vea mermado o cuestionado. Al revés, la crisis ha de suponer un refuerzo por parte de la administración y de la sociedad hacia colectivos vulnerables como el nuestro, que además tienen menos capacidad de reacción. Toda la sociedad debe convertirse en la voz intergeneracional de los mayores, incluidos los propios mayores en un creciente nivel de participación. Contra las amenazas veladas, contra los abusos -de las residencias piratas al maltrato- o contra la exclusión social…
Por ello ahora que el Gobierno de Navarra pretende homenajear a los clubs de jubilados por su labor debiera tener en cuenta este enfoque. No estaría nada mal que por una vez hubiera menos placas y fotos y más compromiso activo con la verdadera situación de los mayores. Por ejemplo, a través de la creación en el ayuntamiento de Pamplona del Consejo de personas mayores, cuyo proyecto se aprobó en 2008.
Hoy es el día de los mayores, un día como todos los años, de celebración del orgullo de ser mayores pero también de nuestro compromiso reivindicativo y cívico en tiempos de crisis.

Observatorio del Mayor de Navarra/ 2010


miércoles, 18 de agosto de 2010

El Espejo del Tiempo


El arte contemporáneo ha vuelto su mirada sobre realidades sociales que hasta ahora había ignorado como la vejez. Su visión sobre los viejos y sus problemas, especialmente sensible en la fotografía y el cine, nos encara con nuestro futuro de sociedad envejecida pero activa.

El arte moderno no ha sido históricamente muy pródigo con el tema de la vejez. Desde que se instituyó como la vanguardia del hombre nuevo y del porvenir utópico ha tratado de esquivar el espejo del tiempo. Los jóvenes airados, para derrocar la gerontocracia de los viejos maestros, rechazaron cualquier visión sobre la condición de lo viejo y así, la propia imagen del viejo, desapareció en algún recóndito sumidero cultural. Hasta que las propias vanguardias envejecieron, al enfant terrible le salieron canas y el arte contemporáneo, quizá más sabio -ya sin tanta prisa por llegar a ninguna parte- empezó a asentarse y mirar alrededor. Y allí estaba ese viejo olvidado, miserable y anacrónico, como una inquietante paradoja vital y social; ya no era el noble anciano de los retratos barrocos sino un anciano alienado, carne de asilo o de chiste gráfico: una caricatura agarrada a un bastón que proclama socarronamente alguna verdad popular…

La realidad es que los europeos y los vascos a la cabeza, somos ya una sociedad de viejos, paradójicamente, en una cultura que se nutre todavía del mito consumista de la eterna adolescencia.

Pero, al fin, el arte contemporáneo ha redescubierto la tragicomedia de la vejez. Hay antecedentes notables como las muestras “Sings of Age. Representing the Older Body” (1998), “The Time of Our Lives” (1999), con abundante presencia de fotografía y performance e inspirada en los novedosos age studies, “Exhibiting Sings of Age” (2004) o proyectos personales de envergadura como “The Crystall Quilt” (1987) de Suzanne Lazy, con cuatrocientas mujeres ancianas o las viejas ‘voluminosas’ de Jacqueline Hayden.

Esta tendencia nos ha alcanzado con exhibiciones más modestas pero interesantes como “El don de la vida. En torno al envejecimiento y su representación artística” en el Centre D’ Art La Panera (Lleida) en 2008, comisariada por Juan Vicente Aliaga, en la que una predominante fotografía esteticista explora la textura de la vejez, como en Ana Casas, Pere Formiguera, John Coplans o los estremecedores desnudos de Manabu Yamanaka. Por otra parte, surge también un enfoque relacional en series como “Alzheimer. Cuando cae la niebla” de Daniel Padró y en proyectos de fotografía documental y corte sociológico como “La ciudad Jubilada” (CCCB, 2008) de Pau Faus, Eleonora Blanco y Julie Poitras, sobre los huertos informales de Barcelona.

Por su cuenta, el cómic, entregado a su refundación como novela gráfica, ha redescubierto el tema, ya presente en el drama clásico de Will Eisner “Una cuestión de familia”. Por ejemplo, en el álbum “Arrugas” de Paco Roca, cuyo planteamiento costumbrista y funcional línea clara ha recibido el Premio Nacional de Cómic 2008.

No obstante ha sido el cine la disciplina que ha convertido el tema un verdadero filón. Del humanismo ternurista de Hollywood, tipo “En el estanque dorado”, va emergiendo una línea de acercamientos más realistas. En el cine de ficción reciente, películas como “Japón” (2002) opera prima de Carlos Reygadas, “Venus” (2006) de Roger Mitchell, sobre el tabú de la sexualidad de los ancianos, “Lejos de ella” (2006), película de la actriz Sarah Polley sobre el alzheimer, “La familia Savages” (2007) de Tamara Jenkins, sobre el dilema ético y vital de los hijos que internan a su padre en un asilo. Sin olvidar la visión oriental sobre la tensión intergeneracional de “Su querida vieja casa" (2008) de Tatsuya Yamamoto o “Mil años de oración” (2007) de Wayne Wang, Concha de Oro del Festival de Donostia.

Incluso dos pesos pesados han recuperado el tema de la eterna juventud: F. Ford Coppola en “Youth Without Youth” (2007) y David Fincher en “The Curious Case of Benjamin Button” (2009) en la que Brad Pitt nace con 80 años y va rejuveneciendo.

No obstante, las visiones más certeras y libres son las de películas documentales, con traviesa mirada intergeneracional en “La casa de mi abuela” (2005) de Adán Aliaga, sobre los sueños cumplidos en “Viaje en sol mayor” (2006) de Georgi Lazarevski o, al calor de la recuperación de la memoria histórica, en “El paraíso de Hafner” (2007) de Günter Schwaiger, retrato de la vida cotidiana de un viejo nazi asentado en la Costa del sol, y hasta miradas epidérmicas pero positivas como “Corazones rebeldes” (2007) de Stephen Walker.

La vejez está de moda incluso en la red, como jocoso ingrediente retro de la (sub)cultura friki del “Mundo viejuno” de Muchachada Nui o en clips de YouTube, como la versión de “Serenade 07” de Dover con pensionistas de Teruel…

Hasta ahora hemos visto las producciones de los jóvenes sobre los viejos como nuevos héroes cotidianos pero, una vez superado el tabú de la vejez en el arte contemporáneo, no está lejano el día en el que los viejos nos ofrezcan su propias visiones. Colectivos excluidos como mujeres, gays/lesbianas o emigrantes ya están reconquistando un espacio de creación y reconocimiento socio-cultural, que ahora los viejos solo empiezan a atisbar; la antesala -esperemos- de un proceso de participación social y política que les corresponde y necesitan.

En nuestra sociedad de mayores con mayor calidad de vida y acceso a la tecnología cultural acaso asistamos a la rebelión capitaneada por viejos artistas retaguardistas…


Iñaki Arzoz 19.12.2008. Mugalari

El Observatorio del Mayor de Navarra en contra de alargar la edad de jubilación

Las propuestas de retrasar la edad de la jubilación de los 65 a los 67 años no van a resolver los problemas que el sistema público de pensiones pueda padecer dentro de dos décadas, por lo que las soluciones, que deberán estar respaldadas por un amplio consenso político y, sobre todo, social, deberán ir por otro camino.

El factor fundamental para consolidar el sistema es el empleo, el número de personas cotizantes en relación con el número de personas que perciben pensión. En los últimos años, en los que ha aumentado el número de trabajadores y trabajadoras de forma importante gracias al crecimiento económico, a la incorporación de la mujer al mercado laboral y a la aportación de la inmigración, el superávit de la Seguridad Social ha alcanzado cotas históricas. Incluso en 2009, año catastrófico para el empleo, que puede verse superado por el año actual, las cuentas de la Seguridad Social siguieron teniendo un superávit notable.

Ese superávit se ha utilizado para mejorar algunas pensiones, dotar un fondo de reserva para afrontar periodos de crisis, financiar las pensiones no contributivas (que deberían ser abonadas con cargo a los presupuestos generales del Estado), e incluso a poner en marcha la atención a la dependencia (que, igualmente, debería ser financiado por los presupuestos generales). Y ha servido también como argumento al sector empresarial únicamente preocupado por aumentar sus beneficios, hasta hace cuatro meses, para seguir insistiendo machaconamente en que se les rebajen las cotizaciones sociales. ¿Estará ahora dispuesto a que se suban esas cotizaciones?

Insistimos que el problema no es el envejecimiento de la población (la tasa de natalidad ha aumentado también gracias al aporte de las personas que vienen de fuera de nuestras fronteras) sino el de poder crear puestos de trabajo para los cerca de 5 millones de parados y paradas que habrá a lo largo de 2010, para permitir que la tasa de actividad femenina se iguale a la masculina (aún por debajo), y para poder colocar a los cientos de miles de personas inmigrantes que querrán poder sobrevivir en España.

Con este panorama no es serio plantear que los trabajadores y las trabajadoras aguanten otros dos años trabajando, muchos en empleos penosos, mientras nuestros jóvenes no pueden encontrar un empleo, o miles de personas (y ha habido situaciones escandalosas por todos conocidas, algunas propiciadas por los distintos gobiernos) se prejubilen con poco más de cincuenta años.

¿Tendrá que haber ajustes en el sistema? Por supuesto, siempre deberá haberlos puesto que la situación de la sociedad cambia, pero el Observatorio del Mayor de Navarra – Nafarroako Adinekoen Behatokia considera que no por esta vía.


Pamplona, 21 de Febrero de 2010


La atención a la salud y los mayores


La medicina ha avanzado en los últimos 50 años más que a lo largo del resto de toda su historia. Este enorme desarrollo ha provocado, entre otros, dos fenómenos sociales muy importantes y profundos. Por un lado, la consecución de nuevos conocimientos y de grandes poderes técnicos, y por otro, la modificación de nuestra concepción de la vida y de sus posibilidades. Junto a todo ello, o quizás debido a ello, hay quien afirma que la medicina está perdiendo adeptos y relevancia social y que el enorme gasto sanitario actual está relacionado, entre otras causas, con el coste del mantenimiento de la salud de los ancianos, que consume la mayor parte del mismo, especialmente en las fases terminales de sus enfermedades.

Esta última afirmación puede ser un síntoma de otros problemas más profundos y más preocupantes. Esto es, de la falta de acuerdos sobre cómo entendemos la vejez y la muerte, sobre cómo entendemos las relaciones entre el bienestar común y el individual, y sobre cómo entendemos las relaciones entre las generaciones de ayer, de hoy y de mañana. Problemas a los que tendremos que ir dando respuestas, individualmente y comunitariamente, porque global es su dimensión. A éstos quiero aportar unas pequeñas reflexiones, que no respuestas.

De entrada me pregunto si una vejez sin un sentido de autoestima individual, si una vejez carente de valores humanos y sin significado es una condición humana tolerable. Envejecer con dignidad, creo, supone aceptar las pérdidas progresivas, aceptar que la vida se encamina hacia el final, que hay que hacer un último esfuerzo por conseguir un sentido profundo del lugar que uno ocupa en las relaciones con quienes ya se han ido y con los que vendrán después. Sólo así conseguirá la vejez su verdadero sentido y valor social. Pero éstos no se podrán conseguir si al mismo tiempo no somos capaces de reformular los fines de la medicina. Porque, ¿cuál es el auténtico objetivo de la medicina? ¿Alargar sin fin la duración de la vida o ayudar, en lo que le corresponde a la medicina, a encontrar respuestas razonablemente satisfactorias a los problemas de la vejez? Porque, en contra de lo que algunos afirman, una vejez más larga y más saludable no es la solución definitiva al problema de la muerte porque no nos va a librar de su zarpazo.

¿Es la vejez la condición que más encarece el gasto sanitario? No, no parece que la relación entre la edad y el coste de la atención sanitaria y de la morbilidad sea tan directo. En medicina lo nuevo siempre es más caro y de manejo más complejo, y todo ello encarece la atención. Hay estudios que han demostrado que la atención sanitaria a las personas de más de 80 años de edad es más barata que la de las personas no tan mayores. Y parece poder afirmarse que lo que encarece la atención, más que la vejez ella misma, es el final de la vida (sin que importe a qué edad se produce éste), ya que entre el 25-50% del gasto sanitario de una persona tiene lugar en los dos últimos años de vida. También es cierto que hay estudios que defienden precisamente lo contrario.

Cada vez es más frecuente escuchar que de alguna manera hay que limitar la asistencia sanitaria, racionarla. Cuando hablo de racionamiento me refiero a la política social de limitación de medidas que aun siendo potencialmente beneficiosas deben ser recortadas debido a la escasez de recursos. Evidentemente, para que estas restricciones sean razonablemente responsables deberían cumplir ciertos mínimos básicos: su necesidad debe ser demostrada; deben ir dirigidas al bien común; se debe previamente asegurar un mínimo decente de atención sanitaria y de calidad de vida para todos; se deben aplicar a todos, aunque no a todos de la misma manera, dando prioridad ética a los más necesitados o a los menos favorecidos por la vida; la decisión debe ser tomada en un marco de toma de decisiones abierto, plural, participativo y deliberativo; no debe generar discriminaciones indebidas; y finalmente, el proceso debe de ir acompañado de un seguimiento y un control exhaustivo de las posibles consecuencias perjudiciales y de los instrumentos adecuados para su eliminación.

Si todo esto se consiguiera, quizás entonces la medicina no se utilizaría para alargar la vida sin sentido y sin fin sino para conseguir lo que Callahan llama un “intervalo de vida natural” y libre de sufrimiento. Esto es, un tiempo de vida en el que uno ya ha satisfecho globalmente sus capacidades de vida, un tiempo tras el cual la muerte será un suceso triste, sin duda, pero también, algo relativamente aceptable.

Algunos afirman que la edad puede ser utilizada como un instrumento muy útil para el racionamiento social de la asistencia, porque la edad es una medida universal, que todos entendemos. En contra de la edad como criterio se han levantado voces que afirman que al unirlo con el de coste-beneficio, los ancianos siempre saldrán perdiendo si se les compara con otros sectores productivos; que el criterio de la edad amenaza el valor y la pluralidad de las personas; que tanto la edad como el sexo y la carga genética son factores que la persona no puede controlar y que por tanto es injusto utilizarlos como criterio para valorar si alguien tiene derecho a algo o no; que podría adquirir un sentido simbólico del abandono social de los ancianos, etc.

Frente a esto se afirma que, de cara a la limitación de la asistencia, el criterio de la edad nos trata a todos por igual y defiende que todos y cada uno, sin que importe si somos productivos o no, tenemos que conseguir nuestro “intervalo de vida natural”. Y no acepta el abandono social de los ancianos sino que, al revés, defiende su cuidado y atención, no la prolongación de su vida. No es un criterio basado en cálculos deshumanizadores, sino que defiende que más allá de cierto momento, todos hemos utilizado la parte proporcional de los recursos que nos corresponde y esto no degrada a los ancianos ni disminuye su valor. No es más que una forma de reconocer que las generaciones pasan y que la muerte nos ha de llegar a todos. Y, por el hecho de afirmar que comparten la edad, ni olvida ni niega las diferencias entre las personas. Es la sociedad la que las devalúa si no les ofrece alternativas para conseguir dar sentido a sus vidas. Con todo esto lo que se pretende rechazar son las ideas de que la muerte y la vejez pueden ser vencidas o ignoradas, y de que, dada su contribución a la sociedad, sobre la vejez y los viejos no se puede decir nada. O que sólo se puede decir una cosa, siempre la misma.

Dejando esta cuestión abierta para la reflexión y el debate, yo, sin apoyar ni rechazar en este momento esas sugerencias, defiendo que la limitación de medidas puede hacerse, pero de uno en uno, entre cada médico y cada paciente. Teniendo en cuenta la edad, sí, pero la edad biográfica y no la edad biológica. Y es que cuando de alguien sólo sabemos la edad biológica, verdaderamente sabemos muy poco. La edad biográfica compendia la historia de esa persona, sus deseos, sus valores, sus aspiraciones y sus realizaciones. El reto es el de tomar en cuenta esa edad respetando a la persona en su complejidad histórica total o el de mansamente caer esclavos de las garras idólatras del imperativo tecnológico, del mandamiento que nos ordena hacer todo lo posible para no acabar, para seguir viviendo, aunque sea una vida sin dignidad y sin calidad.

Considero esta reflexión, además de necesaria, dignificante para los ancianos y para la sociedad en general. ¡Ojalá seamos capaces de deliberar sobre estas cuestiones sin miedos ni falsos prejuicios! Se lo debemos a nuestros mayores. Y también a nuestros pequeños.


Koldo Martínez Urionabarrenetxea

Médico y colaborador del Observatorio del mayor de Navarra



sábado, 7 de agosto de 2010

La situación del mayor en Navarra. Evolución, balance y perspectivas


LOS MAYORES Y EL CINE


Apuntes previos para ver La casa de mi abuela

He de reconocer que cuando vi por primera vez que vi La casa de mi abuela, más exactamente cuando llevaba vistos sus primeros veinte minutos, sentí una extraña incomodidad. ¿Qué demonios pretendía este Adán Aliaga con este filme de filo cortante e imágenes arrancadas a la vida? Más aún ¿qué interés había en filmar a esa niña de seis años malcriada y rebelde en una guerra abierta con su abuela Marita? Les separaban 69 años, pero las dos estaban atravesadas por una indescriptible sensación de estupor y además, en ese momento ninguna me resultaba especialmente simpática.
Y frente a ellas, la cámara iba y venía recopilando fragmentos y apilando escenas cotidianas. De vez en cuando, eso sí, se imponía alguna imagen de belleza evidente, alguna composición de naturaleza que ni estaba muerta ni tenía intención alguna de dejar de respirar. Y progresivamente, de manera suave pero imparable, la abuela y su nieta empezaron a interesarme.
De sus reniegos, fluía ternura; de sus redichos repipis se desprendía una capacidad interpretativa propia de las grandes estrellas. O como canta ella misma, en esa abuela y en su nieta, o sea allí, había agua de la vida.

Malacostumbrado por las convenciones cinematográficas, muchos cineastas se han empeñado en recrear la vida de las abuelas en un compás extremo: o se dibujaba un cuento de hadas de viejecitas bondadosas, o se mostraba una herida abierta en la que la vejez aparecía unida a la tragedia.
Nada de eso hay en La casa de mi abuela.
Por eso, conforme el filme avanza en su metraje, conforme Adán Aliaga mueve sus piezas, la incomodidad deja paso a la curiosidad y ésta a la fascinación y, finalmente, a la admiración ante una indiscutible pequeña obra maestra.

Y cuando se afirma obra maestra no se hace un elogio gratuito. No se trata de un calificativo común y perezoso. Cuando se cataloga de obra maestra a este filme se está expresando literalmente lo que este filme es. La casa de mi abuela es magistral porque enseña nuevos caminos para la expresión cinematográfica. Propone una narrativa singular. No es cine documental. No es cine de ficción. No es cine comercial. No es una videocreación. ¿Dónde habría que ubicar a esta película?

Los anglosajones utilizan una expresión que podríamos aplicar en este caso: work of love. Con ello se refieren a esas creaciones que surgen no por imperativos de la industria, ni del negocio, ni del afán de notoriedad. Son obras germinadas desde la convicción de un acto de fe; una necesidad a la que se llega porque el autor se compromete tanto con la obra que acaba formando parte de ella.

Sin duda, no lo olviden, resulta inevitable comprender que cuando Adán Aliaga titula su filme La casa de mi abuela, está hablando de su propia abuela. Y también resulta cabal sospechar -el propio director lo acaba sugiriendo en la entrevista que acompaña a su edición en dvd- que esa nieta tiene mucho de él, que en realidad, de no ser porque Adán Aliaga ya había crecido demasiado como para hacer rabiar a su abuela, esas travesuras, esos juegos y esas complicidades surgen de una experiencia propia, la del Adán niño en un mano a mano con su abuela.

El cine documental se nutre de testimonios ajenos, el de ficción, maquilla la realidad para darle una forma fabuladora, este tipo de cine que practica Aliaga se comporta como una especie de ensayo poético.

Un ensayo en el que se parte de lo concreto para palpar el misterio de la existencia. De ese modo se conjuran las dentelladas del tiempo.

Para ello, el filme rebosa en instantes de emoción y dolor pero, sobre todo, de esperanza.

Basta con evocar su último plano para resumir perfectamente el contenido de un filme construido a golpes; recreado con fragmentos de aquí y de allá; levantado sin planos previos ni intenciones concretas.

Un graffitti dice Aliaga que es La casa de la abuela. Un poema le responden quienes han sabido paladear una de las mejores películas del año 2006 que, por cierto, ganó prestigiosos premios internacionales, recibió críticas muy favorables pero pasó inadvertida en nuestras carteleras.

Lo que confirma que no está mal el cine, lo que no funciona es la industria exhibidora y buena parte del público que parece conformarse con nada cuando a veces se ofrece tanto como lo hace esta gozosa película.

Juan Zapater. Crítico de cine

Los mayores y el cine

El cine, el llamado séptimo arte y el más joven de las artes, a pesar de sus más de 100 años de existencia, no ha entrado precisamente en la ‘tercera edad’ sino en una primera etapa de madurez, que lo convierte por derecho propio en un ‘arte mayor’.
A pesar de esta mayoría de edad del cine y de ser el arte que mejor puede retratar el paso del tiempo, todavía no se ha interesado por el tema de los mayores de una manera especial.
No obstante, sin llegar a establecer un subgénero comercial como el cine para adolescentes o para niños, sí ha producido un puñado de relevantes películas sobre los mayores. Estas películas, de manera más directa que un estudio sociológico, pueden mostrarnos la vida de diferentes generaciones de mayores y de los mayores de la actualidad.
Los mayores actuales, que aunque nacieron en la época del cine mudo y del blanco y negro, al vivir en un entorno rural a menudo no tuvieron acceso al cine, quizá no sean un público demasiado cinéfilo pero esta situación puede cambiar en las próximas generaciones de mayores, educadas en la cultura audiovisual de la televisión.
Los mayores hoy, con frecuencia, se sienten ajenos a la temática y los modos del cine contemporáneo, demasiado ruidoso y acelerado, y se conforman con la televisión, más cómoda y menos exigente. En cierta manera, se sienten excluidos de un cine comercial que pertenece a otro tiempo y a otra sensibilidad.
Por otra parte, tampoco los mayores como tema -sus vivencias y sus problemas-, resultan atractivos para el público en general, y menos para los consumidores del ‘cine de palomitas’, que prefiere contemplar en la gran pantalla los avatares de la vida de los jóvenes. Quizá, conforme la población occidental envejece, paradójicamente la mirada se detiene todavía más si cabe sobre los jóvenes, en un ejercicio de exhibicionismo e inútil resistencia ante lo que es un hecho vital, ni bueno ni malo, sino inevitable. La realidad incuestionable es que pese a todos los adelantos médicos y la mejora de la calidad de vida, la vejez y la muerte se hallan al final del camino. Y sin embargo, el cine comercial, no tanto el cine independiente, se niega a acercarse a esta realidad última, un tabú como la pobreza o la verdadera naturaleza del poder.
Resulta obvio que la relación entre los mayores y el cine ha sido hasta ahora una relación problemática y quizá por ello, fascinante, pero que está cambiando en los últimos tiempos.
Un vistazo crítico a la filmografía sobre este cine de mayores nos puede desvelar algunas de sus claves y de sus aspectos más relevantes.

Mayores en todos los géneros

El cine ha tratado el tema de los mayores y la vejez en todas las épocas y en los más diversos géneros, desde la temprana aproximación del cine mudo, en un tema tan actual como la discriminación por la edad en El último. Y no sólo el melodrama clásico made in Hollywood, en películas sólidas pero convencionales destinadas a conmover al espectador sobre la fragilidad y humanidad de los mayores como En el estanque dorado o Paseando a Miss Daisy o en las amargas visiones de la decadencia y la furia de clásicos como El crepúsculo de los ídolos o ¿Qué fue de Baby Jane?. Por ejemplo, el neorrealismo italiano nos dejó esa joya sobre la patética soledad del mayor que es Umberto D, fijando su mirada sobre las desventuras de un viejo abandonado y su perro. Incluso, en un género en principio tan alejado de los mayores como el cine fantástico, el problema de la vejez ha sido una fructífera constante. Desde aquella ingenua búsqueda de la eterna juventud en el mítico Sangri-la en Horizontes perdidos, hasta las películas de vampiros -esos centenarios ancianos que se niegan a serlo-, como el impresionante Drácula de la versión Francis F. Coppola. Hasta el anime, el dibujo animado japonés, nos ha dejado la maravillosa fábula de una niña que madura al convertirse, por mediación de la magia, en una anciana, en El castillo ambulante. En su vertiente de ciencia ficción, el cine ha especulado con el tabú de la vejez en la sociedad del futuro como en La fuga de Logan o en Cuando el futuro nos alcance, donde la superpoblación obliga a procesar a los ancianos como alimento. Y siempre queda el milagro alienígena de Cocoon, que rejuvenece a los mayores, como metáfora de la inconfesable aspiración de nuestra sociedad tecnológica hacia una quimérica inmortalidad.
Por otra parte, en géneros que los mayores ha disfrutado en su infancia, como el western, ‘las películas de vaqueros’, están repletas de soberbios retratos de viejos cowboys o hacendados, supervivientes de un mundo más libre, cuando los hombres forjaban su destino. En la vertiente del ‘western crepuscular’ que tan bien retrató, por ejemplo, Sam Peckinpah, en La balada de Cable Hogue, un vaquero maduro que se enfrentan al final de una época, o en otras visiones, en el viejo y sabio explorador de La venganza de Ulzana o el pistolero irreductible en la reciente Sin Perdón. Este género nos ha dejado películas con tanto aroma como El último pistolero en la que John Wayne -el prototipo del vaquero castigador-, interpreta a un anciano pistolero en su última aventura, al tiempo que el actor padecía en la realidad un cáncer terminal.
En definitiva, no hay género del cine en la que no podamos hallar el soberbio retrato de algún anciano, del cine bélico al cine medieval, con algunos tan peculiares como Falstaff, el encantador pícaro traicionado por su amigo, el joven rey, en Campanadas a medianoche, en la genial recreación del personaje shakesperiano, por Orson Welles.

Los temas de los mayores

En cuanto a los temas específicos de la vejez, el cine ha atendido, aunque sea ocasionalmente, casi todos las grandes vivencias o problemas en alguna película memorable.
El amor cómplice de la pareja en Ginger y Fred, incluso más allá de las enfermedades degenerativas como el Alzheimer, como en El hijo de la novia.
El tema eterno de la muerte, como revisión de la memoria de toda una vida, en Fresas salvajes.
La resistencia de la tradición a morir en el fin del mundo vernáculo en Adiós a Matiora o en El prado.
La última oportunidad de una vida como empeño de superación personal en Burt Munro, o como empeño de restañar viejas heridas familiares en la impresionante Una historia verdadera.
Últimamente, el cine se ha acercado, con mirada irónica, a problemas novedosos como la difícil etapa de la jubilación en la corrosiva A propósito de Schmidt o la jubilosa e ‘intergeneracional’ despedida del placer de vivir en Venus.
Son muchos los temas de la ancianidad que ya se han abordado y, sobre la situación de los mayores actuales, quedan otros tantos por explorar.
Quizá uno de los problemas es que no existe apenas la figura del cineasta mayor, pues ha sido sistemáticamente arrinconado por la industria (excepto contados casos históricos como George Cukor, John Huston, Michelangelo Antonioni, Robert Altman, Igmar Bergman o los japoneses Akira Kurosawa y Kon Ichikawa) y no ha tenido la oportunidad de contarnos la vida desde la perspectiva del mayor, y ahora apenas cineastas como Eric Rohmer, Youssef Chahine o Manoel de Oliveira (98 años), sobreviven en cierto cine independiente.
Sólo en casos realmente excepcionales, de cineastas mayores de gran personalidad creativa en la madurez y que han trabajado con cierto éxito en los márgenes de la industria, hemos tenido la oportunidad de ver ese cine sobre los mayores, cine de la senectud y no de la senilidad, desde la mirada vindicativa y experiencial de alguien que asume su condición de mayor, creativamente, de manera activa.
En este sentido resulta especialmente interesante la perspectiva de Domènec Font en su ensayo La última mirada (1998) en el cual plantea la existencia de una “estética del testamento fílmico” en algunas películas de grandes directores -no necesariamente las últimas, ni sobre la vejez- ante la perspectiva de la muerte. Películas como Gertrud de Dreyer, La habitación verde de Truffaut, Fedora, de Wilder o Sacrificio de Tarstovsky, y otras tantas de Godard, Buñuel, Bergman, Welles, Renoir, Ozu o Visconti.
Este es el caso célebre, dentro del cine comercial de calidad, de Clint Eastwood, actor de spaghetti western que ha madurado convirtiéndose en un gran cineasta, el cual nos ha regalado en los últimos tiempos una línea de retratos de la madurez que precede a la vejez como Los puentes de Madison -la última oportunidad del amor-, la mencionada Sin Perdón -el peso del pasado-, o sobre una vejez jubilosa, en Cowboys del espacio -los viejos astronautas nunca mueren- o Millon dollar baby -la paternidad asumida al final de una vida-.
Igualmente sucede con los actores que antaño fueron galanes y divas que hoy son despreciados por la industria, especialmente las mujeres, situación que no se planteaba en el cine clásico con poderosos o incombustibles talentos como los de Katherine Hepburn o Bette Davis, y que ahora sólo encuentran un discreto refugio haciendo cameos en series televisivas.
De entre las estrellas clásicas de Hollywood, que envejecieron como vino añejo, quizás podamos destacar a Paul Newman, recientemente retirado, y sobre todo a Burt Lancaster, el antiguo trapecista y galán aventurero, rescatado en su vejez por el cine europeo en El gatopardo, Grupo de familia o Atlantic City, quizá quien mejor ha sabido devolvernos la melancólica mirada de la vejez.

Cine de mayores en todas las culturas

Pero no sólo el cine occidental ha recogido el proceso de la vejez con sus cámaras; también el cine oriental ha dedicado su mirada a los mayores, desde una perspectiva sensiblemente diferente.
Si el cine occidental nos ha dejado una visión dramática de dolor y de la superación de la vida que se acaba, el cine oriental -especialmente el cine japonés- contempla la muerte con serenidad animista o budista, como un fenómeno natural. Akira Kurosawa, el cineasta japonés con fama en su país de más occidentalizado, nos dejó su particular visión de la redención de una vida sin sentido en Vivir o la tragedia de la piedad filial en Ran, basado en El rey Lear de Shakespeare. Sin embargo en Dersu Uzala, el espléndido canto a la amistad y a la naturaleza , deja al final paso a un retrato tan despiadado como bello de la vejez en el mundo tradicional.
En una clave similar pero aún más radical, La balada de Narayama, nos muestra con crudeza antropológica el fin voluntario de los ancianos cuando ya no pueden servir a la comunidad y obstaculizan su supervivencia. Por otra parte en la delicada los Cuentos de Tokio, el contraste generacional nos alerta sobre la nueva condición de los padres en el Japón moderno.

En el cine español no hemos sido demasiado afortunados, pese a que algunos actores mayores de carácter, nos han proporcionado espléndidos retratos costumbristas como Pepe Isbert en Bienvenido Mr. Marshall, El verdugo o El Pisito o Francisco Rabal, encarnando al inolvidable viejo retrasado de Los santos inocentes. A lo más que hemos llegado en un cine de mayores es al pastel nostálgico de Volver a empezar o al retrato convencionalmente enérgico de Fernando Fernán Gómez con de El abuelo, ambas deudoras del sentimentalismo de José Luis Luis Garci.
No obstante, aparte de docudramas televisivos o películas o filmes de aroma televisivo como ¿Y tú quien eres?, la generación de cineastas jóvenes provenientes del documental se ha acercado con una mirada más fresca y desprejuiciada a los mayores, como en los numerosos documentales sobre la memoria histórica, con propuestas tan singulares como las contagiosas ganas de vivir frente a la adversidad de La muñeca del espacio o ese impecable retrato sociológico de la viuda, al tiempo que poético fresco cotidiano e intergeneracional, que es La casa de mi abuela, una de las películas más notables de este nuevo cine sobre los mayores.

Una nueva época para el cine de mayores

Nos adentramos en la era del cine barato de las cámaras digitales y accesible a través de las descargas digitales del eMule y la autoproducción amateur de YouTube y MySpace. Es justamente en la era en la que el cine se rejuvenece desde movimientos anti-formalistas como Dogma, cuando las miradas sociales y políticamente comprometidas están creando una edad de oro del documental o de la sensibilidad documental, que también lo puede ser para realidades vitales hasta ahora poco exploradas como la vejez. Películas tan rigurosas como Número Zero o Viaje en sol mayor, son un testimonio de esta esperanzadora tendencia, que cada año y casi cada festival de cine, nos entrega nuevas y atractivas producciones, lejos del paternalismo y de las convenciones sobre la cultura del mayor.
Quizá sea en esta época en la que el cine se abre a la renovada madurez tecnológica y conceptual, la que consiga que el cine sobre los mayores y sus problemas, incluso realizado por los mismo mayores, encuentre su verdadera oportunidad. Pues estamos convencidos que el cine sobre los mayores puede ser no solo un privilegiado instrumento de reflexión social sobre la condición del mayor y sus problemas como una fuente de disfrute vital y estético para todas las generaciones de aficionados al cine.

Iñaki Arzoz. Observatorio del Mayor de Navarra


Filmografía sobre los mayores

Sin ánimo de ser exhaustivos ofrecemos a continuación una filmografía con las películas comentadas en esta introducción y algunas otros títulos igualmente interesantes.

El abuelo (1998) José Luis Garci
Esperando a Mr. Bridge (1990) James Ivory
Adiós a Matiora (1981) Elem Klimov
Adiós Mr. Chips (1939) Sam Wood
Atlantic City (1980) Louis Malle
A propósito de Schmidt (2002) Alexander Payne
La balada de Cable Hoghe (1970) Sam Peckimpah
La balada de Narayama (1986) Shoei Inamura
Burt Munro (2005) Roger Donalson
Campanadas a medianoche (1967) Orson Welles
La casa de mi abuela (2005) Adán Aliaga
El castillo ambulante (2004) Hayao Miyazaki
Cocoon (1985) Ron Howard
Cowboys del espacio (2000) Clint Eastwood
El crepúsculo de los dioses (1950) Billy Wilder
Cuentos de Tokio (1953) Yasujiro Ozu
Dos viejos gruñones (1993) Donald Petrie
Drácula (1992) Francis F. Coppola
Elsa y Fred (2005) Marcos Carnevale
En el estanque dorado (1981) Mark Rydell
Fedora (1978) Billy Wilder
Fresas salvajes (1956) Igmar Bergman
Ginger y Fred (1985) Federico Fellini
Grupo de familia (1974) Luchino Visconti
El hijo de la novia (2001) Juan José Campanella
Horizontes perdidos (1937) Frank Capra
Iris (2001) Richard Eyre Justino, asesino de la tercera edad (1994) Santiago Aguilar
El Señor Ibrahim y las flores flores del Corán (2003) François Dupeyron
La fuga de Logan (1976) Michael Anderson
En los límites de la realidad (1983) Steven Spielberg
Lo que queda del día (1993) James Ivory
Madayayo (1983) Akira Kurosawa
Mañana al mar (2006) Ines Thomsen
Mil años de oración (2007) Wayne Wang
Mrs. Henderson presenta (2005) Stepehen Frears
La muñeca del espacio (2007) David Moncasi
Número Zéro (1971) Jean Eustache
Ni un pelo de tonto (1994) Robert Benton
Nobody’s Business (1996) Alain Berliner
Paseando a Miss Daisy (1989) Bruce Beresford
El prado (1990) Jim Sheridan
¿Qué fue de Baby Jane? (1962) Robert Aldrich
Ran (1985) Akira Kurosawa
Regreso a Bontiful (1985) Peter Masterson
El retrato de Dorian Gray (1945) Albert Lewin
Saba (2006) Gregório Graziosi
El sabor del Sake (1962) Yasujiro Ozu
Sang Woo y su abuela (2002) Lee Jeong-Hyang
Sin Perdón (1992) Clint Eastwood
Solas (1999) Benito Zambrano
Cuando el futuro nos alcance (1973) Richard Fleischer
El tren de las 4:50 (1961) George Pollock
Tres colores: Rojo (1994) Krzyssztof Kieslowski
El último (1924) F.W. Murnau
La última primavera (2004) Charles Dance
El último pistolero (1976) Don Siegel
El último show (2006) Robert Altman
Una historia verdadera (1991) David Lynch
Umberto D (1952) Vittorio de Sica
La venganza de Ulzana (1972) Robert Aldrich
Viaje en sol mayor (2006) Georgi Lazarevski
El viejo y el mar (1958) John Sturges, Henry King, Fred Zinneman
Venus (2006) Roger Michell
Vivir (1952) Akira Kurosawa
Views of a Retired Night Porter (2006) Andreas Horvath
Volver a empezar (1982) José Luis Garci
¿Y tú quién eres? (2007) Antonio Mercero


Liberemos a los abuelos esclavos

A comienzos del siglo XXI los mayores percibimos que vivimos en una sociedad bien diferente en la que crecimos. Hemos visto asentarse muchas conquistas sociales que nos beneficiaban directamente pero, desde hace unas décadas, nos hemos encontrado con problemas nuevos que ponen en riesgo nuestra situación.
Mientras que las instituciones han ido asumiendo a regañadientes la realidad social y económica de los mayores a través de leyes imperfectas pero necesarias como la de la dependencia, surgen fenómenos de abusos intolerables que la sociedad oculta.
Estamos hablando, entre otras lacras, del llamado ‘síndrome de la abuela esclava’, que afecta a los abuelos, pero especialmente a mujeres maduras de entre 50 y 68 años. Este síndrome es una grave patología física y psíquica pero de difícil diagnóstico -calificada por la OMS como malos tratos a las mujeres- ya que los pacientes suelen negarse a reconocerla.
Los abuelos y abuelas que, dedicados al cuidado sistemático de enfermos o nietos, sufren este síndrome, acaban padeciendo estrés, ansiedad, hipertensión, sofocos, taquicardias, mareos, desvanecimientos, debilidad, decaimiento y caídas fortuitas, etc., lo que les lleva a un malestar general, al sentimiento de culpa e incluso a pensar en el suicidio.
Mª Jesús Ederra, directora del Centro de Salud del Casco Viejo, ha declarado que, en Navarra esta patología ‘hace 10 años no existía’, al menos como fenómeno social, y el año pasado se publicó que en los últimos 7 años se han detectado 703 casos, que obviamente, en diferente grado, en toda Navarra, son muchos más. No es cuestión de ser alarmista, tan solo de chequear nuestro entorno: ¿Quién no conoce a una pareja de abuelos entregados al sin vivir cotidiano de cuidar a sus nietos o esa abuela estresada que llora en silencio?
La responsabilidad de este nuevo problema es del capitalismo que obliga a las parejas jóvenes a cierto estilo de vida consumista y a trabajar a tiempo completo, también de las instituciones y empresas por no habilitar horarios flexibles o más guarderías públicas pero, especialmente, de ciertas familias -una minoría creciente- que manipulan a sus mayores sin escrúpulos.
Nadie niega el papel fundamental que la generación de los abuelos ha de cumplir en la educación y la vida de la generación de los nietos. Pero lo que no podemos es convertir a los abuelos en mano de obra gratuita, en siervos o esclavos de la casa. Ahora que la mujer se ha incorporado al mercado laboral, los explotados son los abuelos y sobre todo, como siempre, la madre-abuela. Cuando las parejas jóvenes trabajan, se convierten en las cuidadores de los pequeños, los llevan y traen del colegio, les preparan la comida (aparte de a muchos hijos ‘ahorrativos’) o los cuidan los fines de semana o en vacaciones para que los padres disfruten de unas cómodas ‘vacaciones sin hijos’. Los hijos se aprovechan a menudo de la vulnerabilidad emocional de sus padres y del instinto maternal de sus madres para convertirlos en servidores a jornada completa, a cualquier hora y, a menudo, a su capricho. Y son numerosos los mayores que se quejan en privado de este régimen tiránico que les imponen hijos atareados y que, por no atreverse a romper la ‘armonía familiar’, siendo los menos los que acuden al médico o al psiquiatra y toman pastillas para los nervios.
Los padres tienen que asumir su responsabilidad como tales, contratando cuidadores externos o recortando su horario laboral si es preciso, contando con la colaboración razonable de los abuelos, pero sin abusos. Los mayores tienen derecho a su propia vida, al descanso, al ocio y a la cultura y a disfrutar de sus nietos sin que supongan una carga.
Todos padecemos la crisis por igual -incluido los mayores con sus escasas pensiones- y convertir a los abuelos al trabajo sumergido tras su merecida jubilación, no es la solución sino otra perversa forma de explotación, una de las más espantosas, ya que se da en el seno familiar.
Si queremos construir una verdadera sociedad intergeneracional necesitamos establecer unas reglas de juego basadas en el respeto hacia los sectores más desfavorecidos como las mujeres, los inmigrantes y, ahora, los mayores. La sociedad ha de romper ese tácito silencio, ese tabú, en torno a los abuelos esclavos y denunciar los casos que se detecten. Por ello hacemos un llamamiento a las instituciones para que estudien el fenómeno y propongan soluciones en torno a la prevención, la concienciación familiar y social y programas específicos como talleres, pero, especialmente, a las familias jóvenes, para que cuiden y quieran a sus padres.
Liberemos de esta nueva forma de esclavitud a los abuelos, si queremos que en el futuro nuestros propios hijos y nietos nos respeten y nos traten con cariño.

Mª Luisa Carasusán
Presidenta del Observatorio del Mayor de Navarra

¿Hay diálogo con los mayores?

Un modo de expresarse la gente es el diálogo, es decir, la conversación mediante la cual dos o más personas se intercambian información y se comunican pensamientos, sentimientos y deseos. Tiene dos variedades: el diálogo oral y el escrito. El oral es más espontáneo y expresivo, pues entre los interlocutores que conversan intervienen gestos, entonaciones y actitudes; no obstante, en él hay que guardar ciertas normas, como respetar al que habla, escuchar antes de responder, pensar en lo que dicen los demás y admitir las opiniones de los otros. El escrito es mucho menos espontáneo y expresivo, pero sí un modo de dialogar con menos errores al tener más tiempo para pensar y corregir. Sin embargo, las dos maneras presentan el mismo objetivo: intercambiar información y comunicar pensamientos, sentimientos y deseos en un clima de respeto.
Cuando de contextos formales se trata tenemos el diálogo social, esto es, aquel que se da entre representantes gubernamentales o institucionales y organizaciones ciudadanas para tratar políticas económicas, sociales... de interés común. Su validez y eficacia requiere de ciertas condiciones, como la presencia de organizaciones ciudadanas independientes con capacidad técnica y acceso a la información necesaria, o la voluntad gubernamental de dialogar, o el compromiso político sincero.
En la familia, contexto más informal, aunque no menos importante como vamos a ver, con más frecuencia de lo deseado ocurre que se pretende en exceso el diálogo, o éste brilla por su ausencia. A veces se intenta crear ambientes de diálogo con los hijos y para ello se trata de verbalizarlo todo, lo cual es una actitud errónea que con facilidad lleva a los padres a convertirse en interrogadores y sermoneadores, y a que los hijos no escuchen o huyan con evasivas; es un proceder de no diálogo que lleva al distanciamiento entre generaciones al confundirse la comunicación con la enseñanza y el diálogo con el monólogo, cuando dialogar es también escuchar. En otras ocasiones ni siquiera se plantea la conversación porque hay incapacidad de comunicarse.
En ambas situaciones extremas no hay diálogo, carencia que con el tiempo acarreará consecuencias negativas para las personas, las familias y los grupos sociales. Es una anomalía, inicialmente de distanciamiento de los padres hacia sus hijos, que provoca después en éstos, cuando son adultos, el alejamiento sin diálogo de sus progenitores. También como derivación, sistemáticamente se marginará a los mayores de las interlocuciones que traten de las cuestiones que les afectan, pues por experiencia no se les considera válidos para representar ese papel.
La familia es el referente fundamental para aprender a dialogar, capacidad que siempre deriva en actitudes positivas, como la disposición a cooperar en las políticas sociales representando a los grupos vulnerables necesitados de ayuda, con independencia, información y actitud crítica positiva. Al margen de la cuestión mencionada antes de la voluntad gubernamental de dialogar y el compromiso político sincero, aquí cabe plantearse la pregunta: ¿presenta la tercera edad el apoyo de gente con estos rasgos para participar en el diálogo social?.
Desde el Observatorio del Mayor de Navarra vemos que son imprescindibles organizaciones de mayores que participen eficazmente en los proyectos sociales y en la puesta en marcha de programas de atención a la tercera edad (asistencia domiciliaria, centros de ocio y sensibilización acerca de los problemas del mayor, atención sanitaria, etc.); organizaciones con capacidad para gestionar proyectos, movilizar recursos, llevar a cabo las acciones planeadas... y que sean interlocutores válidos del agente institucional más fuerte del sector terciario: el gobierno local. En definitiva, y en esta línea, es necesario crear consejos del mayor propios que participen en el diálogo social con las administraciones de su ámbito regional y que sean el cauce de la reivindicación de nuestros derechos.

José Ramón Díez Collado.
Miembro del Observatorio del Mayor de Navarra.

OBSERVATORIO DEL MAYOR DE NAVARRA 2000/2010 Una década de actividades


El Observatorio del Mayor de Navarra es una asociación independiente y sin ánimo de lucro, que no recibe subvenciones públicas y funciona gracias al trabajo desinteresado de sus miembros y colaboradores.
A partir de 2004 recibe una pequeña aportación de La Caixa para sus publicaciones.

2000

-Primeros contactos para crear el Observatorio del Mayor de Navarra

2002

-Constitución formal del Observatorio del Mayor de Navarra como asociación

2004/5

-Publicación de “La situación del mayor en Navarra. Informes y materiales”, informe colectivo elaborado por diferentes especialistas sobre diferentes aspectos de los mayores en Navarra (pensiones, residencias, participación, voluntariado, asistencia sanitaria, cultura, nuevas tecnologías, bienestar, soledad)

-Mesa redonda sobre “Los mayores y la salud” (Publicación)

2006

-Mesa redonda de partidos políticos navarros: "La Ley de dependencia y los mayores" (Publicación)

2007

-Cine forum sobre la película “La casa de mi abuela” de Adán Aliaga, con Juan Zapater y Juana Caballín (Publicación “El cine y los mayores”)

-Denuncia al Defensor del Pueblo sobre los ruidos de las barracas en San Fermín

2008

-Conferencia: “Un año de atención a las personas mayores con dependencia en Navarra”, con Sagrario Anaut

-Taller sobre “Los mayores y la crisis”, con J. Bautista Astigarraga y Javier de Miguel

-Taller sobre “Cuidadores de mayores dependientes”, con Iosune Goñi (Publicación)

2009

-Jornadas sobre “Voluntades anticipadas y duelo”, con Juana Caballín, Mikel Biurrun y Monserrat Martínez

-Conferencia sobre “Los malos tratos a los mayores ¿Existen? ¿Dónde estamos?”, con José Luis Larrión

2010

-Mesa redonda: “La situación de los mayores en Navarra. Evolución, balance y perspectivas”, con Gabriel Hualde, Javier Barinaga y José Luis Larrión


Otras actividades

-Ponencias e intervenciones en congresos, foros, jornadas, etc. sobre los mayores

-Charlas divulgativas sobre el Observatorio y los mayores en clubs de jubilados, asociaciones de mayores (Alzheimer, Parkinson, etc.), etc.

-Consultas al Observatorio por parte del Defensor del Pueblo, en Unidades de barrio, etc.

-Artículos en prensa local y “Entre Mayores”: sobre la escalera solidaria, malos tratos, participación, pensiones, voluntariado, salud, día del mayor, elecciones, etc.

-Entrevistas en prensa, radio y televisión locales

Aproximadamente 25 especialistas en diferentes campos (médicos, sociólogos, sindicalistas, trabajadores sociales, periodistas, etc.) han colaborado con el Observatorio del Mayor de Navarra en sus actividades y publicaciones.

Para recibir cualquiera de sus publicaciones o artículos, póngase en contacto con el Observatorio del Mayor de Navarra.
Todos sus materiales tienen licencia copyleft -creative commons- y pueden ser distribuidos y divulgados de forma gratuita.

PROTOCOLOS del Observatorio del Mayor de Navarra

En la líneas que siguen, se establecen las ideas o criterios globales que, inspirados por el Manifiesto fundacional y los Estatutos, deben regir en la elaboración y publicación de informes, estudios, artículos, toma de posición en las diferentes áreas y ante problemas concretos, por parte del Observatorio en cuanto tal o por parte de los miembros del mismo, en su expresión pública.

Economía

2) Defensa del llamado Estado de Bienestar, equiparable a la media europea. El gasto social está lejos de alcanzar los porcentajes de los países europeos de similar desarrollo económico. Exigencia, en consecuencia, de que la titularidad, financiación y gestión de todos los servicios sociales sean públicos. Colaboración con organizaciones, movimientos, plataformas etc., que reivindiquen y/o propongan iniciativas en esta dirección, frente al proceso de privatización dominante. Aumento de los presupuestos en este capítulo para la creación de plazas públicas en residencias o en sistemas alternativos (pisos tutelados, centros de día, familias cuidadoras...), cuyo resultado sea una atención generalizada y digna, además de la creación de numerosos puestos de trabajo.2) Reivindicación de pensiones públicas universales, equiparables las pensiones mínimas al salario mínimo interprofesional, tanto en las contributivas como en las no contributivas.
3) Rechazo al retraso de la edad de jubilación obligatoria más allá de los 65 años, junto a la articulación de medidas para seguir contando con el capital humano, de conocimiento, experiencia y valores, de los mayores a partir de esa edad, que no impliquen eliminar puestos de trabajo.

Sociedad

4) Promoción de la solidaridad y de las relaciones intergeneracionales. Promoción de un voluntariado libre y altruista que exprese la solidaridad del conjunto de la sociedad con los mayores y la defensa activa de sus derechos, sin que cubra u oculte deficiencias y obligaciones -ni quite puestos de trabajo-, que deben ser cubiertas por los poderes públicos. El voluntariado deberá ser una pieza esencial por su labor crítica y alentadora de transformaciones en los servicios públicos de atención a los mayores.
5) Promoción de la participación pública de los mayores en todos los ámbitos de la sociedad, sobre todo en la definición y diseño de las políticas que directamente les afecten.
6) Reivindicación de unas leyes específicas que reconozcan y amplíen los derechos de los mayores. Por ejemplo, a favor de la ley contra la violencia doméstica y en contra de la ley de financiación de las residencias.
7) Promoción a través de proyectos y leyes de discriminación positiva hacia los sectores y colectivos de los mayores más desfavorecidos y discriminados (enfermos, discapacitados psíquicos y físicos, inmigrantes, pobres, etc.) y especialmente a la problemática de la mujer mayor.

Salud

8) Formación de médicos en gerontología y geriatría, e investigación, creación y desarrollo de servicios específicos en los centros de salud.
9) Mantenimiento del sistema actual en cuanto a medicamentos. Rechazo al sistema del copago, complementado con información sobre una vida sana y el uso de medicamentos.
10) Derecho a la información y conocimiento informado sobre las situaciones médicas del mayor.
11) Apertura de un debate, con la participación de los mayores, sobre los problemas de tecnoética en medicina y salud, como el ensañamiento médico o la eutanasia.

Servicios

12) Dada la privatización, directa o indirecta (encubierta), de muchos servicios de atención a los mayores, control estricto de los conciertos, de la capacitación del personal, de las relaciones laborales y condiciones de trabajo, de la calidad del servicio y de la satisfacción de los/as usuarios/as.
13) Apoyo asistencial profesional y económico a los mayores dependientes y sus familias por parte de las instituciones.
14) Recuperación de servicios públicos perdidos por las privatizaciones.
15) Transporte público adaptado y subvencionado para los mayores.
16) Eliminación progresiva de todas las barreras físicas en el urbanismo y la arquitectura, a través de rampas, plataformas y ascensores. Adaptación subvencionada de las viviendas a las condiciones de la persona mayor.

Cultura

17) Acceso a una educación, una cultura y un ocio de calidad -gratuito o subvencionado- para todos los mayores. Creación de ámbitos y medios para la cultura del mayor.
18) Acceso gratuito o subvencionado a las nuevas tecnologías de la información (formación, compra de ordenadores, conexión, etc) para todos los mayores y preferentemente a los discapacitados. Respeto a todos los mayores que no puedan o no deseen acceder a ellas.
19) Reconocimiento y respeto a la figura del mayor en los medios de comunicación y la publicidad, así como creación de participación del mayor en los medios de comunicación (prensa, radio, televisión, etc.).


Varios

20) Reconocimiento de la memoria histórica, de la labor democrática de los mayores y de las pensiones de la guerra civil. Rehabilitación de las víctimas de la represión franquista.
21) Denuncia en todos los ámbitos institucionales y sociales de las situaciones, problemas y casos de abuso, maltrato, violencia, abandono, discriminación, denigración o manipulación de las personas mayores.
22) Apoyo a las organizaciones internacionales que trabajen desde una perspectiva crítica y reivindicativa por mejorar la situación del mayor en la Comunidad Europea y en todo el mundo.

MANIFIESTO del Observatorio del Mayor de Navarra

La situación de los mayores en la Europa de comienzos del siglo XXI está cambiando de manera drástica debido fundamentalmente al aumento de la esperanza de vida y la baja natalidad.
La globalización, el desarrollo tecnológico y las políticas neoliberales han provocado una revolución económica y social que afecta de manera especial a los mayores y amenaza su frágil estado del bienestar que, con sus carencias, fue una gran conquista social de finales del siglo XX.
Las personas mayores se van a convertir en las próximas décadas en un importante sector de población, que va a tener que adaptarse a su nueva situación, al tiempo que la sociedad ha de asumir la aparición de una persona mayor diferente, con nuevas demandas.
Sin embargo, mientras se percibe un progresivo cambio en la percepción social e institucional hacia algunos sectores desfavorecidos, el interés respecto a otros, como el de las personas mayores, todavía no está a la altura de la realidad de su presente ni de los retos que se avecinan.
Se puede afirmar incluso que, debajo de la aparente atención que hoy reciben los mayores, se esconden planes injustos y actitudes sociales discriminatorias que es preciso analizar y cambiar.

A partir de las conclusiones de la II Asamblea del Envejecimiento de la ONU y del Foro de las ONGs paralelo (Madrid 2002) se han conocido las previsiones para el futuro inmediato así como las propuestas razonables para afrontarlo, aunque de momento y a partir de sus conclusiones no parece haber ni presupuestos ni voluntad real para aplicarlas.
En el contexto mundial y especialmente en el tercer mundo la situación puede llegar a ser muy grave, pero en la privilegiada Europa, incluso en sus regiones más favorecidas, como es la Comunidad Foral de Navarra, también se van a sentir los efectos perjudiciales de los cambios y no podemos excluir tanto una cierta regresión de las conquistas sociales del mayor como la aparición de fenómenos inesperados y perturbadores de carácter social.
Esta es la razón por la que hemos formado un grupo de estudio, intergeneracional e interdisciplinar, que integra desde representantes de organismos del mayor hasta colaboradores de diferentes ámbitos a título particular.
Este grupo se constituye así como Asociación independiente y por tanto sin ánimo de lucro, de carácter progresista y reivindicativa, como Observatorio del mayor de Navarra para realizar una tarea de seguimiento crítico, básicamente a través de la elaboración de informes periódicos, cuyos objetivos serían:

1. Conocer la situación de la persona mayor en Navarra (y de los jubilados y pensionistas en general), su evolución y las actuaciones institucionales, privadas o sociales en diversos ámbitos que le afectan como economía, salud, vivienda, política, cultura, sociedad, tecnología, medios de comunicación o participación, y con especial atención a sectores desfavorecidos dentro del colectivo de mayores como son los pobres, los enfermos, los inmigrantes y las mujeres.
2. Denunciar públicamente los casos de injusticia y conculcación grave de los derechos de la persona mayor (violencia, abandono, abusos, desatención, pobreza, dependencias, barreras arquitectónicas, etc).
3. Divulgar las conclusiones de los informes en la sociedad y especialmente entre los mayores, a través de ruedas de prensa, conferencias, publicación en papel o en internet.
4. Proponer a las instituciones competentes y a los organismos dedicados al mayor (partidos, sindicatos, asociaciones, defensor del pueblo, etc) las actuaciones necesarias para orientar positivamente las actitudes y las políticas sobre los mayores.
5. Promover la participación activa de la sociedad y especialmente de los mayores, colaborando con el Observatorio, para defender mejor los derechos del mayor y de las próximas generaciones de mayores de Navarra.

Nuestro propósito a través de la elaboración de estos informes es contribuir a que la situación de los mayores de Navarra no retroceda sino que mejore de acuerdo con una visión igualitaria, para lo cual resulta imprescindible garantizar un sistema público y justo de pensiones, de viviendas adecuadas y de servicios básicos.
Para ello es fundamental promover la unión y la participación de los mayores en todos los ámbitos (políticos, sindicales, sociales) así como establecer una verdadera cultura de la ancianidad para el futuro, que supere la brecha intergeneracional y ofrezca verdadera plenitud a su vida.
Pero esto no será posible si prioritariamente no reconocemos, defendemos y aplicamos unos derechos básicos del mayor que eviten las graves injusticias que padecen todavía.
Si defendemos a la persona mayor, estaremos trabajando por un mundo más justo y solidario; pues en la medida en que consigamos, progresivamente que “otra persona mayor sea posible”, también alcanzaremos ese sueño compartido de que “otro mundo es posible”.
Y para caminar en esa vía resulta imprescindible el activismo reflexivo de los mayores y los jóvenes -futuros mayores-, a través de entidades como este Observatorio, que estudien con rigor crítico su verdadera situación y al tiempo ofrezcan alternativas constructivas y razonables a nuestra sociedad.

Pamplona, 30 de Junio de 2003

Finalmente, hacemos un llamamiento a los mayores, profesionales y organismos interesados en la persona mayor para colaborar con el Observatorio, aportando información, denuncias o propuestas sobre la situación del mayor en Navarra.
Pueden ponerse en contacto con la Asociación Observatorio del Mayor de Navarra.



Observatorio del Mayor de Navarra



El Observatorio del Mayor de Navarra es una asociación independiente dedicada a estudiar la situación de las personas mayores en Navarra.

Desde 2000 ha organizado numerosas conferencias, mesas redondas y talleres sobre pensiones, salud o cultura en las que han colaborado más de 25 profesionales.

También ha publicado estudios y artículos y realizado denuncias sobre diferentes aspectos como el maltrato o las abuelos esclavos.

Sus objetivos principales son: investigar y divulgar la situación de los mayores, denunciar vulneraciones e injusticias, proponer cambios a las instituciones y promover la participación social y política de las personas mayores.

Hacemos un llamamiento a los mayores, profesionales y organismos interesados en la persona mayor para colaborar con el Observatorio, aportando información, denuncias o propuestas sobre la situación del mayor en Navarra.

Mª Luisa Carasusán
Presidenta del Observatorio del Mayor de Navarra
C/Abejeras 10 4º Izda. 31007 Pamplona

inakiarzoz@masbytes.es