En el bipartidismo de hecho que nos han impuesto, es de sobra conocido quiénes van a mandar en España en los próximos cuatro años: sean los de un partido o los del otro quienes se impongan, van a seguir haciéndolo las multinacionales y los mercados.
Aquí está la razón de que, por encima de un mínimo lógico, los candidatos no discrepan cuando hablan de sanidad, enseñanza, pensiones, prestaciones laborales o creación de puestos de trabajo, no vaya a ser que en la disparidad se deje constancia de propuestas concretas que haya que cumplir, aunque sea a medias, para guardar parte de la ínfima credibilidad que aún les queda en el haber político. Mejor así, generalidades en abundancia para los incautos y crédulos electores, de modo que con ellas se desembarazan de los compromisos a cumplir y de la posibilidad de incomodar a los jefes.
Ante semejante perspectiva, ¿merece la pena molestarse en votar?. Y en caso de hacerlo, ¿cómo acertar con el partido que menos embustes lanza?, ¿es posible castigar a través del voto a quienes han incumplido anteriormente sus compromisos?, ¿se puede uno rebelar mediante el voto?...
Cuando se publican las estadísticas de personas en paro y de aquellos que no tienen ingreso alguno por haber agotado las prestaciones por desempleo, o cuando se conocen las quejas derivadas porque la concesión de la renta básica se demora varios meses y las que son consecuencia de que la atención a personas dependientes (más de 8.000 en Navarra) no se cumple o hay retrasos en los pagos, ¿cómo no se manifiesta en la calle el dramatismo de semejantes situaciones?. Indudablemente, es la solidaridad del entorno familiar el colchón que aminora el rebote social de las mismas; y son los mayores, anteponiendo el bienestar de los suyos al propio y compartiendo lo poco o mucho de lo que disponen, o dejando de percibir aquella ayuda de los hijos que antes les aliviaba en su precaria situación y ahora la crisis impide mantenerla, los principales solidarios para hacer frente a lo que los entornos financiero y político, plagados de gente ambiciosa y carente de ética, han desencadenado. Lo cierto es que a los mayores les toca cargar con todo, pero volvamos a la realidad del 20-N…
La situación que nos está tocando vivir es ya lo suficientemente crítica como para aún así echar más leña al fuego, algo que parece hacerse a través de ciertas pretensiones políticas. Veamos un ejemplo:
El Departamento de Política Social, Igualdad, Deporte y Juventud del Gobierno de Navarra ha publicado un Anteproyecto de Ley Foral que regula la que han llamado renta de inclusión social y que sustituye a la Renta Básica. Fundamentalmente se endurecen los requisitos de acceso a esta prestación y se conduce a sectores de la población navarra a la pobreza absoluta y a la exclusión social. El Anteproyecto supone un nuevo recorte al sistema de bienestar social, esta vez dirigido contra los navarros que atraviesan momentos de mayor vulnerabilidad social, muchos procedentes del desempleo y que tras muchos años de trabajo ahora ya no tienen derecho a cobrar prestaciones contributivas. Ello supone un recorte de los derechos sociales de la ciudadanía de Navarra, aprobados en la Ley Foral 9/1999 para una Carta de Derechos Sociales.
Ante esta pretensión, y dada la actual situación socioeconómica y el previsible aumento de las personas que van a precisar de esas prestaciones, hay que exigir a los políticos que archiven el Anteproyecto y mantengan el acceso a la Renta Básica como se encuentra en la actualidad, y, además, que solucionen los retrasos en la prestación cumpliendo la legislación vigente. Se pueden equilibrar los presupuestos de otras formas, por ejemplo, combatiendo el fraude fiscal, y a través de ellas hay que hacerlo.
Hace tiempo que el Observatorio del Mayor de Navarra viene dejando constancia de que la crisis mundial que nos golpea amenaza con derribar las bases del estado del bienestar en el que se apoyan precariamente los mayores, y que lo más lamentable es que significa una crisis global del sistema capitalista puramente financiera que nada tiene que ver con la creación ni el reparto de la riqueza. Una crisis para justificar la locura de los recortes, los cuales siempre se dan antes en los sectores sociales en vez de en los sueldos de banqueros y cargos institucionales, o en inversiones en infraestructuras absurdas.
La primera tanda de recortes en Navarra está alcanzando a sectores como la sanidad, la cultura o los asuntos sociales, aquí el comentado Anteproyecto de Ley Foral es un ejemplo... como también lo es el pensionazo, uno de los mayores ataques al futuro de los mayores de hoy y al de los mayores del futuro que muestra la cara más fea de la crisis, la de la injusticia salvaje, trazada con medidas brutales como los desahucios y la amenaza del copago sanitario. Los responsables de la crisis, los bancos y el Gobierno, pretenden escaparse de la crisis así: unos, echando a la calle a familias enteras –ancianos incluidos-; el Gobierno insinuando que va a cobrar a los mayores parte de las medicinas porque gastan demasiado.
Hay que ser conscientes de que la actual es una crisis total que afecta primero a los sectores más vulnerables (parados, mujeres o inmigrantes) y que, a la larga, está robando el futuro a los jóvenes de hoy, los mayores del futuro.
Cumplida una década de existencia defendiendo el modelo público en la asistencia a la gente mayor, ahora, a la vuelta del 20-N, el Observatorio del Mayor de Navarra invita a todos a realizar una reflexión crítica de cara al sombrío futuro que nos aguarda y a votar en consecuencia. Nuestro ruego aquí queda, con el deseo de que sirva para plantarse ante la crisis desde la justicia social y la regeneración democrática que la puede impulsar.
Mª Luisa Carasusán. Presidenta del Observatorio del Mayor de Navarra