A finales de marzo, un medio de información revelaba que dos adolescentes de 93 años habían alentado en Madrid a la indignación juvenil mediante la no-violencia, para despertar conciencias: “Buscad y encontraréis motivos para la indignación; coged el relevo, la peor actitud es la indiferencia”, fue la frase resumen del propósito de Stéphane Hessel y José Luis Sampedro, autor y prologuista, respectivamente, de la publicación que se presentaba, ¡Indignaos!. Dos superabuelos con la mente muy lúcida, hubiera añadido yo.
Se explicaron los motivos de la indignación: “El poder del dinero no ha sido nunca tan grande, insolente y egoísta con sus propios servidores, hasta con los de las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan ante todo de sus dividendos y de los altos salarios de sus dirigentes, pero no del interés general”. E igualmente se avisó de las razones para indignarse en esta sociedad adormecida: “Los responsables políticos, económicos, intelectuales y el conjunto de la sociedad no deben abandonar sus responsabilidades, ni dejarse impresionar por la actual dictadura de los mercados internacionales que amenazan la paz y la democracia”. Además, se denunció a los medios de comunicación de masas que “proponen como horizonte para la juventud el consumo sin freno, el desprecio de los más débiles y de la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de unos contra otros”.
Hessel, en “Indignez vous” (2010), ya había dado un toque de alarma a la juventud y a los no jóvenes: “Mediante la indignación de la no-violencia a todos compete velar para que la sociedad sea algo de lo que sentirse orgulloso”. Para él, es la hora de indignarse y reaccionar, el momento de pasar a la acción, aún siendo consciente de que a ello no van a colaborar quienes actualmente “(des)gobiernan”, ni “la oposición que únicamente espera a que los higos caigan de la higuera por sí solos”.
En esta línea, en abril apareció “Reacciona. 10 razones por las que debes actuar frente a la crisis económica, política y social”, de varios autores y prologado por Hessel, una publicación que pretende encauzar la angustia de un sector creciente de la sociedad española, derivada de la crisis económica, política y social que se está viviendo.
Rosa María Artal, una de sus coautoras y coordinadora del mismo, invita a estar en guardia frente a la (des)información que recibimos y el lenguaje controlador usado que desactiva la crítica y el raciocinio: “Resulta paradójico el conformismo con que la sociedad española vive la merma paulatina y constante de sus derechos. La crisis, como recurso comodín, pretende justificar cualquier medida, pero no es serio exigir cada vez más sacrificios a los paganos de un sistema injusto y por los errores de otros”. “No por casualidad, en la década de 1990 comenzaron a aplicarse grandes cambios en el lenguaje (ejemplos: expulsión sin indemnización por ´flexibilidad en el empleo´, despidos por ´regulación de plantilla´, merma sin paliativos por ´reforma laboral´, programas para el bienestar ciudadano por ´gasto social´, gasto en infraestructuras por ´inversión´, especulación por ´mercado´, etc.); eran una parte de toda la estrategia neoliberal decidida a imponer sus postulados”.
Esta periodista también ha analizado las barreras sociales que se imponen con la edad: “Hoy se apuesta por la fachada hueca, por el empuje frente a la experiencia. La edad madura, respetada en el pasado, no había sufrido antes el acoso discriminador actual, arbitrariedad que, sin embargo, acarrea consecuencias negativas para la economía productiva (a cambio de dejar de pagar sueldos dignos a trabajadores experimentados se remunera con sueldos baratos a los nuevos contratados sin experiencia) y la vida social (la sociedad aparece segregada)”. El Observatorio del Mayor de Navarra es consciente de todo ello.
Están próximas las elecciones del 22 de mayo y desde el Observatorio a todos invitamos ir a votar con las conciencias indignadas, y a los mayores discriminados por la edad, que en período de elecciones son el bocado apetitoso perseguido por los partidos, votar a quienes presenten programas en los que tengan cabida las reivindicaciones de la tercera edad tantas veces manifestadas, las generales (1. Que la Administración actúe siendo consciente de que el mundo del mayor no es homogéneo, sino plural. En él se dan diferentes realidades por la edad, las cuantías de las pensiones, las capacidades físicas e intelectuales o el sexo –más mujeres, frecuentemente viudas con bajas pensiones-, por ejemplo. 2. Promover la presencia de los mayores en la política activa. A pesar de representar un porcentaje cada vez más elevado entre los votantes, en las listas de candidatos los mayores de 60 años apenas están representados. ¿Acaso, además de ser considerado no activo como productor, lo es también como no activo políticamente?, ¿se elimina y/o desprecia hoy la riqueza de la experiencia, cuando en el pasado eran los mayores quienes representaban la autoridad y dirigían la sociedad?, ¿porqué a pesar de que el mayor actual es mucho más joven que el de antaño es relegado y excluido de los puestos de responsabilidad, salvo en las altas finanzas, la iglesia y el ejército?. 3. Que los servicios públicos cubran las necesidades de lo que consideramos, junto con la salud, la educación y las pensiones, el cuarto elemento básico o pilar de la sociedad del bienestar: la atención a los dependientes) y las concretas (4. Creación y/o revitalización de los Consejos del Mayor como instrumentos de control y participación en los servicios y equipamientos especialmente orientados a los mayores. 5. Llevar a cabo acciones para que los espacios municipales sean lugares de encuentro e intercambio intergeneracional, evitando que se consoliden guetos por edades. 6. Que en los centros de atención primaria exista personal especializado en geriatría, capaz de atender los casos específicos de los mayores como los de quienes les cuidan. 7. Que la atención domiciliaria sea de proximidad y un servicio público que no quede en manos de empresas privadas. 8. Construir más viviendas y pisos tutelados sin barreras arquitectónicas. 9. No al copago, al menos de forma generalizada. 10. Más centros de día y residencias de carácter público).
Por último, hay que exigir a los partidos políticos que estén a la altura de las circunstancias y que sus discursos se centren en los programas propios y en cómo van a solucionar los problemas que afectan, si es que los conocen, a quienes piden el voto.
José Ramón Díez Collado.
Miembro del Observatorio del Mayor de Navarra.
